KITETE, EL HIJO DE SHINDO Junio 21, 2008
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Había una vez, una mujer chagga, llamada Shindo que vivía en un pueblo al pie de una montaña cubierta de nieve. Su marido había muerto sin dejarle ningún hijo y ella estaba muy sola. Siempre estaba cansada, porque no tenía a nadie que le ayudara en los trabajos de la casa.
Todos los días, limpiaba la casa y barría el patio, cuidaba de las gallinas, lavaba la ropa en el río, traía agua, cortaba la leña y cocinaba sus solitarias comidas.
Al final de cada día, Shindo miraba la cumbre nevada del monte y oraba:
“¡Gran Espíritu del Monte!” . “Mi trabajo es demasiado duro. ¡Énvíeme ayuda!”
Un día, Shindo estaba limpiando el huerto de malas hierbas para que crecieran bien las verduras, plátanos y calabazas que cultivaba. De repente, un noble jefe apareció junto a ella.
“Soy un mensajero del Gran Espíritu del Monte,” le dijo a la sorprendida mujer, y le dio unas pocas semillas de calabaza. “Siémbralas con cuidado. Ellas son la respuesta a tus oraciones.”
Entonces el jefe desapareció.
Shindo se preguntaba, “¿Qué ayuda podré recibir de un manojo de semillas de calabaza?” Pero las sembró y cuidó lo mejor que pudo.
Estaba asombrada de lo rápidamente que crecían. Una semana más tarde, las calabazas ya habían madurado.
Shindo llevó a casa las calabazas, y tras quitarles la pulpa, dejándolas huecas las colgó de una de las vigas de la casa para que se fueran secando. Cuando se secaran se endurecerían y podría venderlas en el mercado para ser usadas como cuencos y jarras.
Como ceneitaba una de las calabazas para su propio uso, tomó una pequeña y la puso junto al fuego para que se secara más rápidamente.
A la mañana siguiente, Shindo se marchó para trabajar la tierra. Pero mientras ella estaba fuera de casa, las calabazas empezaron a cambiar. Les crecieron cabezas, brazos y piernas. En poco tiempo, no eran en absoluto calabazas. ¡Eran niños!
Unu de estos niños estaba junto al fuego, donde Shindo había colocado la calabaza pequeña. Los otros niños le llamaron desde la viga.
“¡Ki-te-te, ayúdanos!
Trabajaremos para nuestra madre.
Venga ayúdanos, Ki-te-te,
¡Nuestro hermano favorito!”
Kitete ayudó a bajar a sus hermanos y hermanas de las vigas. Entonces los niños salieron de la casa y empezaron a cantar y jugar en el patio.
Todos menos Kitete, que al haber estado junto al fuego, se convirtió en un niño débil y enfermizo. Mientras sus hermanos y hermanas cantaban y jugaban, Kitete les miraba sonriente, sentado en la puerta de la casa.
Después de un rato, los niños empezaron a hacer los trabajos de la casa. Limpiaron la casa, barrieron el patio, alimentaron a las gallinas, lavaron la ropa, trajeron agua, cortaron la leña y prepararon la comida para cuando Shindo volviera.
Cuando el trabajo estuvo hecho, Kitete ayudó a los otros a subir a la viga y poco después, de nuevo se convirtieron en calabazas.
Por la tarde, cuando Shindo volvió a casa, las otras mujeres del pueblo le preguntaban :
“¿Quiénes eran esos niños que estaban hoy en el patio de tu casa?” . “¿De dónde han venido? ¿Por qué estaban haciendo los trabajos de la casa?”
“¿Qué niños? ¿Os quereis reir de mi?” les decía Shindo, enfadada.
Pero cuando llegó a su casa, se quedó pasmada. ¡El trabajo estaba hecho, e incluso su comida estaba preparada! No podía imaginarse quién le había ayudado.
Al día siguiente, sucedió lo mismo. En cuanto Shindo se hubo marchado, las calabazas se convirtieron en niños, y los que colgaban de la viga gritaban,
“¡Ki-te-te, ayúdanos!
Trabajaremos para nuestra madre.
Venga ayúdanos, Ki-te-te,
¡Nuestro hermano favorito!”
Entonces, después de jugar un rato, hicieron todos los deberes de la casa, subieron a la viga, y se convirtieron en calabazas de nuevo.
Una vez más, Shindo se quedó asombrada al ver todo el trabajo hecho. Entonces, decidió encontrar la explicación y conocer a quienes le estaban ayudando.
A la mañana siguiente, Shindo hizo como que se marchaba, pero en vez de ir a trabajar en el campo, se quedó escondida junto a la puerta de la casa, observando lo que sucedía. Y vio a las calabazas convertirse en niños, y les oyó como gritaban,
“¡Ki-te-te, ayúdanos!
Trabajaremos para nuestra madre.
Venga ayúdanos, Ki-te-te,
¡Nuestro hermano favorito!”
Cuando los niños salieron de la casa, por poco se encuentran con Shindo, pero ellos siguieron jugando, y seguido comenzaron a hacer los trabajos caseros. Cuando acabaron, empezaron a subir a la viga.
“¡No, no!” decía Shindo llorando. “¡No se transformen en calabazas! Sereis los hijos que yo nunca tuve, y os amaré y os querré.”
Y desde entonces los niños se quedaron con Shindo, como sus hijos. Ya nunca más estaba sola. Y los niños eran tan trabajadores, que pronto mejoró la economía de la casa, con muchos campos de verduras y plátanos, y rebaños de ovejas y cabras.
Todos eran muy útiles …. menos Kitete que se quedaba junto al fuego con su sonrisa tonta.
La mayor parte del tiempo, a Shindo no le importaba. De hecho, Kitete realmente era su favorito, porque era como un tierno bebé. Pero a veces, cuando ella estaba cansada o triste por alguna razón, lo pagaba con él.
“¡Eres un niño inútil!” le decía. “¿Por qué no puedes ser más inteligente, como tus hermanos y hermanas, y trabajar tan duro como ellos?”
Kitete sólo sonreía.
Un día, Shindo estaba fuera en el patio, cotando verduras para la comida. Cuando llevaba la olla a la cocina, tropezó con Kitete, se cayó, y la olla de arcilla se hizo añicos. Las verduras y el agua quedaron esparcidos por todas partes.
“¡Muchacho tonto!” gritó Shindo . “¿No te tengo dicho que no te pongas delante de mi camino? ¿Pero qué se puede esperar de tí? No eres un niño de verdad. ¡Solo eres una calabaza!”
Y en ese mismo instante, ella dio un grito al ver que ya no estaba Kitete, y que en su lugar sólo había una calabaza.
“¿Qué he hecho yo?” lloraba Shindo, cuando los niños volvieron a casa. “¡Yo no quise decir lo que dije! Tu no eres una calabaza, tu eres mi propio hijo querido. ¡Oh, hijos mios, por favor haced algo!”
Los niños se miraron entre ellos, y corriendo, comenzaron a subir a la viga. Cuando el último niño, ayudado por Shindo, hubo subido, comenzaron a gritar una última vez,
“¡Ki-te-te, ayúdanos!
Trabajaremos para nuestra madre.
Venga ayúdanos, Ki-te-te,
¡Nuestro hermano favorito!”
Pasó un largo rato sin que nada sucediera. Pero de pronto, la calabaza empezó a cambiar. Creció una cabeza, luego unos brazos, y finalmente unas piernas. Por fin, no era en absoluto una calabaza. Era–
¡Kitete!
Shindo aprendió la lección. A partir de entonces, tuvo mucho cuidado y amor para sus hijos.
Y ellos le dieron su consuelo y felicidad, durante el resto de sus días.
Fuente: http://www.ikuska.com/Africa/Etnologia/cuentos/kitete.htm
Sona Mariama Mayo 22, 2008
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Había una vez un hombre que tenía una preciosa hija. Él se dijo a si mismo un día: “Mi hija es tan bonita que no dejaré que se case con ningún hombre. Yo mismo me casaré con ella”.
Su mujer se entristecio cuando él le contó su decisión, pero simplemente dijo:
-De acuerdo.
Cuando la hija se hizo mayor, el padre anunció que se casaría con ella. Llamó a su hija para hablar con él y le dijo que sería su esposa. La muchacha contestó:
-Tu no me tomarás como esposa. Si no encuentras un buen marido para mi, iré a la selva y me encontraré con el elefante salvaje y dejaré que me mate.
Pero el padre insistio en que quería casarse con ella. Dijo también que la boda sería al día siguiente. La madre entonces avisó a la hija:
-Lo que debes hacer es esto: mañana por la mañana ven a verme temprano y pídeme la calabaza para transportar el agua. Asegúrate de que tu padre esté conmigo. Di en su presencia: “Madre, voy al pozo a buscar un poco de agua”. Cuando llegues al pozo dejas la calabaza allí y luego corre lejos.
La hija estuvo de acuerdo con el plan trazado. Al día siguiente el padre mató una vaca. Luego se preparó para la boda. Mientras se estaba preparando llegó la hija y preguntó por la calabaza.
-Debo sacar agua del pozo -dijo- para prepararme para la boda.
Cogió la calabaza y la dejó al lado del pozo. Luego corrió rápidamente hacia la selva. Después de correr un rato se encontró a un búfalo. Él la miró con atención y le dijo:
-Chica, eres realmente preciosa.
Sona Mariama sonrió pero no dijo nada.
-¿Dónde vas? -le preguntó el búfalo.
-Voy a ver al elefante salvaje para dejar que me mate -dijo. Entonces empezó a cantar tristemente:
Mi padre dijo que yo, Sona Mariama, sería su esposa.
Mi madre dijo que yo, Sona Mariama, sería su coesposa.
Mis hermanos dijeron que yo, Sona Mariama, sería su madre.
Mis niños dirán que yo seré su abuela.
El búfalo dijo:
-Yo jamás he visto nada semejante, Sona Mariama. Tampoco nunca he oído nada semejante, Sona Mariama. Niña, has hecho bien en correr lejos.
La chica continuó su camino. Más lejos encontró a un león. El león quedó sorprendido de ver a una chica tan bonita. Y dijo:
-Eres una muchacha muy bonita ¿Adónde vas?
-Voy a ver al elefante salvaje para que me mate -dijo.
Mi padre dijo que yo, Sona Mariama, sería su esposa.
Mi madre dijo que yo, Sona Mariama, sería su coesposa.
Mis hermanos dijeron que yo, Sona Mariama, sería su madre.
Mis niños dirán que yo seré su abuela.
El león contestó al igual que lo hizo el búfalo:
-Yo jamás he visto nada semejante, Sona Mariama. Tampoco nunca he oído nada semejante, Sona Mariama. Niña, has hecho bien en correr lejos.
Como antes, la chica continuó su viaje, hasta que se encontró a un conejo. El conejo quedó perplejo por su belleza y le preguntó a dónde iba. Sona Mariama le contó su historia, y le dijo que estaba buscando al elefante salvaje para que la matara.
-Soy el mensajero del elefante salvaje -dijo el conejo-. Déjame que te lleve hasta él.
Sona Mariama siguió al conejo hasta la parte más densa de la selva. Intentó recordar el camino por el cual había llegado hasta allí pero no pudo. “No importa” pensó. “Da igual que esté perdida. Pronto me encontraré cara a cara con el elefante salvaje y este será mi final”. El conejo iba delante y Sona Mariama lo seguía hasta que llegaron a una densa arboleda.
-Aquí es donde vive el elefante salvaje -dijo el conejo-. ¿Quieres entrar a verlo o prefieres correr lejos?
-Debo verlo inmediatamente -dijo Sona Mariama, que entró en el círculo de árboles.
Dentro estaba oscuro, pero pudo oír cómo la tierra retumbaba cuando el elefante se levantaba de su sueño y se acercaba a ella.
-¿Quién ha osado entrar en mi refugio? -murmuró el elefante.
-He sido yo, Sona Mariama -dijo la chica.
El elefante salvaje se paró en cuanto la vio. Era realmente preciosa.
-Siéntate -dijo-. Ahora cuéntame por qué has venido a estorbar mi sueño.
-He venido para morir -respondió ella.
Mi padre dijo que yo, Sona Mariama, sería su esposa.
Mi madre dijo que yo, Sona Mariama, sería su coesposa.
Mis hermanos dijeron que yo, Sona Mariama, sería su madre.
Mis niños dirán que yo seré su abuela.
El elefante salvaje dijo:
-Yo jamás he visto nada semejante, Sona Mariama. Tampoco nunca he oído nada semejante, Sona Mariama. Pero todavía no puedo matarte. Dile al conejo que te lleve hasta el campamento del rey y deja que él decida.
Ella estuvo de acuerdo en ir con el conejo. Cuando llegaron, encontraron al rey y a todos sus consejeros sentados. Todos quedaron sorprendidos de la belleza de la muchacha.
-¡Qué bonita eres! ¿Cómo te llamas? -le preguntaron.
-Sona Mariama -contestó.
-¿Por qué has sido traída aquí?
Les contó el plan de su padre y cómo, con la ayuda de su madre, había escapado hasta la selva. Les contó que se había encontrado al búfalo y al león. También cómo el conejo la había conducido hasta el elefante salvaje y de que éste se había entristecido por ella y había dejado el caso en manos del rey. El rey quedó sorprendido por su historia. Inmediatamente llamó a un mensajero para que trajera al padre con ellos. Cuando fue traído ante la corte, el padre se arrojó a su merced. Estaba profundamente arrepentido de su comportamiento. El rey no lo castigó, pero fue enviado a casa en desgracia. Luego, el rey dijo a sus consejeros:
-Traigan el Tambor Real.
Empezaron a tocar el tambor. Cantaban:
El Tambor Real suena
por Sona Mariama
por Sona Mariama
Sona Mariama.
Cuando la gente oyó el tambor, se acercaron al campamento del rey. Había fiesta y bailaban. Todo el mundo estaba contento en esos momentos. El sonido del tambor real por una mujer significaba que el rey quería casarse con ella. Y ese tambor continua sonando en este día. Sona Mariama se casó con el rey.
(cuento Senegal)
Funente: http://www.cuentosafricanos.com
“Lili y su suegra, una vieja leyenda china ” Mayo 13, 2008
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Hace mucho tiempo, una joven llamada Lili se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, vio que no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Lili fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Lili y su suegra cada vez discutían más y peleaban. De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo.
Lili, no soportando mas vivir con la suegra, decidió visitar a un amigo de su padre. Este, después de oírla, tomo un paquete de hierbas y le dijo: “No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas. Deberás darle varias hierbas que irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas, ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones”. Lili respondió: “Si, Sr. Huang, haré todo lo que el señor me pida”. Lili quedo muy contenta, agradeció al Sr. Huang, y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra.
Pasaron las semanas y cada dos días, Lili servía una comida especialmente preparada para su suegra. Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controlo su temperamento, obedecía a la suegra y la trataba como si fuese su propia madre. Después de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada. Lili había controlado su temperamento y casi nunca se enojaba. En esos meses, no había tenido ni una discusión con su suegra, que ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija. Un día Lili fue nuevamente en procura del Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo:
“Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di”. El Sr. Huang sonrió y señalo con la cabeza:
“Lili no tienes por que preocuparte. Tu suegra no ha cambiado, la que cambió fuiste tú. Las hierbas que le di, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en tu mente, en tu actitud, pero fue echado fuera y sustituido por el amor que ahora le das a ella”.
En China existe un adagio que dice: “La persona que ama a los otros, también será amada”. La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso ten cuidado. Acuérdate siempre:
“El plantar es opcional, pero la cosecha es obligatoria,por eso ten cuidado con lo que plantas “.
Fuente: www.vivirsinmiedofobi.com
En un avión… Mayo 10, 2008
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- ¿Cuál es el problema, Sra.? – Pregunta la azafata.
- ¿Es que no lo ve? – Responde la dama – Me colocaron junto a un indígena. No soporto estar lado de uno de estos seres repugnantes. ¡no tiene otro asiento!!!!!!!!! ????
- Por favor, cálmese… – dice la azafata – Casi todos los asientos estan ocupados. Voy a ver si hay un lugar disponible.
La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:
- Sra., como yo pensaba, no hay ya ningún lugar libre en la clase económica.
Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.
Antes de que la dama pueda hacer el menor comentario, la azafata sigue:
- Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase. Pero, vistas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.
Y dirigiéndose al indigena, la azafata le dice:
- Si el Sr. Lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.
Y todos los pasajeros alrededor, que, sorprendidos, asistían a la escena se levantaron y aplaudieron…
Si luchas contra el racismo pasa este mensaje a todos tus amigos, pero no apagues tu ordenador sin haberlo enviado al menos a una persona.
Es la semana de lucha contra el racismo, participa!!!!
Fuente: mail de Inés Bouzat (mi compañera)
El florero de porcelana Abril 12, 2008
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El gran maestro y el guardián dividían la administración de un monasterio Zen. Cierto día, el guardián murió y fue preciso substituirlo. El gran maestro reunió a todos los discípulos para escoger, quien tendría la honra de trabajar directamente a su lado. “Voy a presentarles un problema y aquel que lo resuelva primero, ser el nuevo guardián del templo.” Termino su corto discurso, coloco un banquito en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo decoraba. “Este es el problema” dijo el maestro.
Los discípulos contemplaban perplejos, por lo que veían; lo diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál seria el enigma? Después de algunos minutos, uno de los discípulos se levanto, le miro al maestro y a los alumnos, camino resolutamente hasta el florero y lo tiro al suelo destruyéndolo. “Vd. es el nuevo guardián”. Al volver a su lugar el alumno el gran maestro se explico:
“Un problema es un problema”; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado- por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort.
“Solo existe una manera de lidiar con un problema”: atacándolo de frente. En esas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.
Paulo Coelho Cuentos del Alquimista




