El Águila que Volaba con los Pollos


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Conectando el Corazón

 

 

 

Por Bárbara Rother

 

Deseo contarles una historia.  Había una vez un águila bebé, recién llegada al mundo y muy emocionada por estar aquí y conocer las grandes aventuras que le esperaban.  Mamá águila lo llevó junto con sus hermanitos y hermanitas águilas a su primer y grandioso vuelo.  Sería su primera salida para abrir sus alas.  Los pueden imaginar trepando, dando su primer salto fuera del nido que representaba su seguridad – sintiendo ansiedad y emoción al mismo tiempo.  Vean ése águila en estos instantes, mientras vuela con el resto de las jóvenes águilas y la mamá animándolas orgullosamente y diciéndoles: “Vengan por aquí.  Abran sus alas y vuelen.  Vean cómo es este mundo y lo fuertes son.”  Pero las alas de éste águila bebé no eran tan fuertes como las de los demás.  Se estaba quedando atrás del grupo a pesar de que trataba de seguirlos con todas sus fuerzas.  Cuando abrió sus alas, se comenzó a tambalear.  No sabía por qué no era tan fuerte como los demás.  Las otras águilas jóvenes, junto con la mamá, miraban al frente y no notaron que él comenzó a perder fuerza y a caer en círculos hacia la tierra.  Estaba tan mareado que no sabía hacia dónde se dirigía.  Nadie se percató que ya no estaba con el grupo.

 

El águila bebé aterriza en una granja de pollos y dice: “¿Dónde estoy? Me siento tan raro…” Perdió el conocimiento por un instante y realmente ya no comprendía cuál era su realidad.  Miró hacia arriba y vio a la madre águila y las águilas bebé alejándose.  Se sintió abandonado, como si a nadie le importase.  Decidió reunir fuerzas y descubrió que sus alas estaban lastimadas y que no podía alzar vuelo.  Miró a su alrededor y vio que estaba rodeado por todos esos pequeños pollitos de la granja que también eran recién llegados al mundo.  A medida que se acercaban, junto con mamá gallina y un gallo, lo miraron y le dijeron: “Bueno, eres un ave, pero eres muy diferente a nosotros. Sin embargo te tomaremos bajo nuestras alas, te aceptaremos y daremos nuestro amor incondicional.  Siente el amor que tenemos por ti.  No nos importa que te veas diferente.  No nos importa que tengas esas extrañas alas que están rotas.  No sabemos de dónde vienes, pero para nosotros, llegaste del cielo, así que ven y forma parte de nuestra familia y te cuidaremos y amaremos hasta que estés listo para volar y logres descubrir dónde perteneces.” El águila se sintió muy amada.  No le importaba lo que sucedía o si se suponía que su senda fuese otra porque contaba con amor incondicional y con un sentimiento de apoyo.  Comenzó a ser un pollo a pesar de que ésa no era su naturaleza verdadera.  Crecía día a día y empezó a ganar fuerzas y a probar sus alas.  Comenzó a dar pequeños vuelos pero sabía que no podía elevarse lo suficiente como para encontrar a su familia original.  Llegó el día en el cual su madre real empézó a buscarlo.  Las otras águilas se habían marchado porque ya eran suficientemente fuertes y podían independizarse; y así la madre finalmente encontró a su águila bebé que tanto había extrañado.  Ella lo recogió y dijo: “Dile adiós a tu familia adoptiva, porque tu propósito es regresar ahora para que pueda mostrarte lo que eres realmente y lo que verdaderamente viniste a ser.”  Así, con lágrimas en los ojos, el águila bebé se despidió y dijo: “Yo también los amo incondicionalmente.  Gracias por recibirme y mostrarme que la vida puede ser una aventura a pesar de que tuve que tomar otra senda.”

 

Dondequiera que la vida los lleve, pueden descubrir la alegría, incluso con aquellos que no forman parte de su familia.  Si abren el corazón y la mente, pueden descubrir el hogar en cualquier lugar.  Mamá águila ayudó al bebé a alzar vuelo.  Le dijo: “¡Vuela! ¡Abre tus alas!” y él así lo hizo.  Supo que su lucha anterior lo había fortalecido.  Cuando se alejó, volvió a sobrevolar el lugar para decirle adiós a aquellos que le ofrecieron tanto.  Dijo” “Volveré a visitarlos.  Me siento seguro.  Me siento fuerte.  Siempre estarán en mi corazón y mi recuerdo.  Jamás olvidaré lo que me dieron.”  A medida que se alejaba en busca de la siguiente aventura que le esperaba, dijo: “Gracias por enseñarme que existen distintas formas de vivir la vida.  Ahora es tiempo de abrir mis alas y volar.” 

Abran sus propias alas. Comprueben lo fuertes que son.  Disfruten el vuelo. Y así es.

 

Fuente: Angeles Amor

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4 pensamientos en “El Águila que Volaba con los Pollos

  1. La gata coqueta

    Hola mi querida amiga, paso a saludarte y dejarte mis huellas como recuerdo en el tiempo.

    Y a invitarte a una copichuela virtual en casa ya que estamos de cumple.

    Un abrazo de amor y cariño como te dejo siempre para ti.

    Responder
  2. lagrancosecha

    Saludos amigos:
    Nada pasa por casualidad y esta tarde buscando fotos para hacer un vídeo
    me encontré con con la de este post.
    Y como dice nuestra amiga Hada unas veces estamos mas sensibles que otras
    y tu post me llego al alma, realmente muchas veces tenemos a nuestro alrededor
    personas que nos ayudan como si fueran nuestra propia familia y es de sabios reconocerlo.
    Muchas bendiciones y gracias por compartir.

    Maria Amparo Abad

    Responder
  3. Mariely Martínez.

    Gracias por este lindo cuento. Ayer me regalaron la figura de un águila con sus aguiluchos y buscando el significado encontré el cuento. Me ha gustado mucho.

    Responder

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