Ruidos ahí abajo


A veces no me puedo dormir.

Me asusta estar solo en mi cuarto pero esta noche pude hacerlo sin ningún problema, hasta ahora. Recién escuché unos ruidos espantosos que venían de abajo. Yo estoy en el primer piso, descansaba en mi cuarto tapado en la cama hasta el cuello cuando esos espantosos ruidos me despertaron. Fui al cuarto de mi madre pero no estaba ahí, mi padre está de viaje así que tampoco puedo contar con él. Después pase por la habitación de mi hermana, entré y no se que este pasando pero ella no estaba. Tal vez esos ruidos las han despertaron y esta abajo.

Pero si es así ¿por qué los ruidos no paran? Parece que se esta librando una guerra justo en mi casa. No se si prender las luces o tantear el camino hasta llegar a las escaleras. No se porque pero siento que hay alguien detrás mío, me parece que respira cerca de mi cuello, no me animo a prender la luz del pasillo y sigo hacia las escaleras.
Los ruidos no se detienen, la planta baja es un campo de batalla. Si, definitivamente hay alguien detrás mío, sentí la suela de un zapato rechinar contra el suelo. Es alguien que trata de pasar desapercibido pero ya lo oí. Llegué a las escaleras, hay luces débiles que vienen de la planta baja. Tal vez son linternas, ¿puede que estén robando? No, nadie seria tan estupido de hacer tanto ruido. No se si bajar el primer escalón o quedarme quieto. Ahí alguien detrás mío acercando su mano hacia mi hombro, son garras siniestras ¿me quieren matar? ¿Tirar por las escaleras? Eso no, no lo voy a permitir. Me toca, despacio me toca. Creo que me muero de miedo… creo que… No!!!!
No podía permitirme morir ahí. Como si nada me di vuelta, sujeté al extraño de la mano y lo empujé por las escaleras. Su mano se me hizo familiar y sus gritos al caer también, esa voz, como la de… ¡mi madre! Encendí la luz del pasillo. Mi hermana salió del baño, miró debajo de las escaleras y enloqueció, comenzó a gritar. Se arrodilló gritando y mirándome a los ojos “¿¡que pasó!?” me dice mientras grita. Bajé con ella las escaleras. Mi asustada hermana se acercó al control remoto del televisor y lo apagó.

Todos los ruidos espantosos terminaron. Recordé cuanto le gusta mirar videos musicales a todo volumen cuando papá no está y también recordé porque pude dormir tan cómodamente; mamá se había quedado a dormir en mi cuarto, junto a mi cama. Mi hermana encendió la luz y llamó desesperadamente por teléfono en busca de auxilio. Yo vi los ojos de mi madre, yo los vi. Ella no iba a esperar al doctor.

Perdón mama…

 

Luciano Gorosito

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