Integridad


“Sólo se necesita una aguja ordinaria”

Nadie es una isla, todos somos parte de un vasto continente. Existe una gran variedad entre nosotros, pero eso no hace que seamos seres separados. La variedad enriquece la vida: una parte de nosotros está en los Himalayas, una parte de nosotros está en las estrellas, una parte de nosotros está en las rosas. Una parte de nosotros está en las alas de los pájaros, una parte de nosotros está en el verde de los árboles. Estamos extendidos por todo. Experimentar esto como una realidad transformará todo tu planteamiento de vida, transformará cada uno de tus actos, transformará tu mismo ser.

Se cuenta que en vida del gran místico sufí Farid, un rey vino a verle. Le había traído un presente: un precioso par de tijeras de oro con diamantes engarzados, muy valiosas, muy especiales. Tocó los pies de Farid y le dio las tijeras; Farid las tomó, las miró, y se las devolvió diciendo: —Señor, muchas gracias por el regalo que me ha traído. Es muy hermoso, pero totalmente inútil para mí. Sería mejor si me pudiera dar una aguja. No necesito tijeras; una aguja bastará.

—No comprendo —dijo el rey—, si necesitas una aguja, también necesitarás unas tijeras.

—Es una metáfora —explicó Farid—. No necesito tijeras porque las tijeras sirven para cortar las cosas. Necesito una aguja porque las agujas sirven para unir cosas. Yo enseño a amar. Toda mi enseñanza se basa en el amor: juntar cosas, enseñar a la gente a estar en comunión. Necesito una aguja para poder unir las cosas. Las tijeras son inútiles para mí porque cortan y desconectan. La próxima vez que venga, bastará con que traiga una aguja ordinaria.

La lógica es como un par de tijeras: corta, divide las cosas. La mente es una especie de prisma: haz pasar un rayo de luz a través de ella y se divide inmediatamente en siete colores. Pasa cualquier cosa a través de la mente y se vuelve dual. La vida y la muerte no son la-vida-y-la-muerte, la realidad es vidamuerte. Debería ser una única palabra, no dos; ni siquiera debería haber un guión entre ellas. Vidamuerte es un fenómeno. Amorodio es un fenómeno. Luzoscuridad es un fenómeno. Negativopositivo es un fenómeno. Pero cuando haces pasar este fenómeno a través de la mente, la unidad se divide en dos inmediatamente. Vidamuerte se convierte en vida y muerte; no sólo están divididas, sino que la muerte se vuelve antagonista de la vida. Son enemigas. A partir de ese momento puedes seguir tratando de que las dos se encuentren, pero nunca lo conseguirás.

Kipling tiene razón: «Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y los dos nunca se encontrarán». Según la lógica, esto es verdad. ¿Cómo pueden encontrarse Oriente y Occidente? ¿Cómo puede Occidente encontrarse con Oriente? Pero existencialmente es un sin sentido total. Se encuentran en todas partes.

Por ejemplo, te encuentras en la India. ¿Es Oriente u Occidente? Si la comparas con Londres, es el Oriente; pero si la comparas con Tokio, es Occidente. Entonces, ¿qué es exactamente, Oriente u Occidente? Oriente y Occidente se encuentran en cada punto, y Kipling dice: «Los dos nunca se encontrarán».

Los dos se están encontrando constantemente. No hay un punto tal que Oriente y Occidente no se encuentren y no hay ningún hombre en el que Oriente y Occidente no se encuentren. No puede ser de otro modo; tienen que encontrarse: es una realidad, un cielo.

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